El cartel de los sapos, apología del delito
General Oscar Naranjo, director de la Policía Nacional de Colombia, critica la forma como los narcotraficantes y terroristas son exaltados en la serie "El cartel de los sapos"Hoy, navegando por el internet, encuentro la opinión de uno de los colombianos que más credibilidad tiene en el país, el general Óscar Naranjo, director de la Policía Nacional de Colombia, toda vez que su vida la ha entregado, minuto a minuto, a la lucha frontal contra el narcotráfico y el terrorismo.
"Serie 'El cartel' ridiculiza al Estado y sus instituciones": general Óscar Naranjo
Con ingenuidad imperdonable siempre imaginé que el publicitado El cartel de los sapos -escrito por el narcotraficante Andrés López López- nos revelaría algunas luces para entender, con la distancia del tiempo, pero con la cercanía de los protagonistas, quiénes y de qué manera le arrebataron al país a líderes como Rodrigo Lara Bonilla, Guillermo Cano, Luis Carlos Galán, Carlos Mauro Hoyos Jiménez, Bernardo Jaramillo Ossa, los coroneles Jaime Ramírez Gómez y Valdemar Franklin Quintero y 550 policías que, solamente en Medellín, fueron asesinados.
Al final de cuentas, lo que se esperaría es que esta tragedia del narcotráfico, padecida especialmente por los más humildes, se empiece a reparar con unos mínimos de verdad. Sin embargo, de cara a la pantalla de televisión, las primeras imágenes de la adaptación del seriado lo que realmente han hecho es confundirnos con verdades a medias, ridiculizar al Estado y sus instituciones y, muy particularmente, transformar en villanos a héroes que enfrentaron el poder asesino y corruptor del narcotráfico.
Es verdad que la historia contada por los victimarios no solamente tiende a irrespetar la dignidad de las víctimas, sino que, al mismo tiempo, a exaltar la condición de los delincuentes en busca de protección social.
Es verdad que la faceta más dolorosa del narcotráfico tiene que ver con la corrupción, y para nosotros es claro, por lo menos en el caso de la Policía Nacional, que miembros de nuestra institución no han sido ajenos a la degradación que supone la vinculación con el propósito criminal del narcotráfico; razón tienen los delincuentes en señalar casos particulares de funcionarios que se degradaron frente a este poder perverso de la mafia.
Poro otro lado, quienes no nos podemos equivocar somos los responsables desde el mundo institucional o desde el sector privado, al permitir generalizaciones, estigmatizaciones o simplemente abrir espacio a interpretaciones que no permiten establecer diferencia entre seres humanos que actúan con entereza ética y unos pocos criminales que durante años lo único que han pretendido es generar desconfianza, para que se asuma que ningún funcionario público es confiable y que ninguna institución es decente.
Después de la emisión del primer capítulo del El Cartel, y solamente con un capítulo, como responsable policial de la seguridad y la convivencia, me siento en la obligación de compartir con todos mis conciudadanos el impacto que empieza a causar la serie dentro de mi institución.
Y que se refleja en preguntas desprevenidas de jóvenes patrulleros, que tienen recuerdos difusos de su infancia sobre el atentado contra la sede del DAS en Bogotá, la explosión en el centro comercial de la 93, el derribamiento de un avión comercial y miles de muertos que dejó la ofensiva terrorista de los carteles de la droga.
¿Cómo responder, por ejemplo, a la pregunta de por qué después de 10 años de haber sido abatido Pablo Escobar por un comando del Bloque de Búsqueda de la Policía se dice hoy que a él lo dieron de baja miembros del cartel de Cali? ¿Por qué si la Policía -en la serie convertida en una caricatura grotesca, corrupta, inculta, arrogante- fue reconocida por cientos de instituciones del mundo como una de las mejores policías en la lucha contra el narcotráfico?
¿Dónde estaban los organismos de control y todo el aparato de justicia y los medios de comunicación, que, siendo tan profesionales, no fiscalizaron a una institución que, según El cartel de los sapos, se parece más a una banda de criminales que a una institución de ejecución de la ley?
Y la verdad es que nuestra respuesta a estos interrogantes cae en la dimensión de la indignación y en el rechazo a una versión donde los narcotraficantes invierten los papeles convirtiendo en estrellas a los protagonistas mafiosos y a los policías en vulgares delincuentes corruptos. Es el mundo al revés.
En el fondo de todo, lo que parece estar claro es que si los narradores de esta historia criminal, narcotraficantes de ayer convertidos en libretistas estrellas de cine y televisión, no hubieran sido perseguidos y capturados por la Policía, nunca se hubieran tomado el trabajo de contar nada.
De otra parte, lo que es una verdadera contradicción es que si los policías de Colombia no hubiéramos perseguido al narcotráfico con tanta consistencia, ningún delincuente estaría hablando mal de ningún policía.
Al final de cuentas, en una sociedad democrática, los funcionarios policiales solamente tenemos un camino: expresarnos con serenidad y respeto y esperar siempre que la aplicación de la ley no permita que se desfiguren los principios y valores que deben movilizar a nuestra sociedad.
Por esta razón, tenemos fe y convicción de que la ciudadanía, no obstante la confusión que genera la mezcla de ficción y realidad, y que se multiplica cuando la voz de los victimarios y delincuentes se impone sobre el grito silencioso de las víctimas, refrendará con su confianza el aprecio que siente por la Policía y las mujeres y hombres que la integren.
Estamos seguros de que el principio de verdad no es solamente un factor de reparación. En nuestra opinión, la verdad como valor es el fundamento de la reconciliación como camino seguro para proscribir definitivamente la violencia entre nosotros.
Sobre esta afirmación es sobre la cual hacemos un llamado para que se proteja la verdad, se preserve la verdad, se proyecte la verdad y no se creen condiciones de confusión entre el mito y la realidad, entre la verdad y la ficción.
O simplemente, como parece suceder con la serie de televisión El Cartel, se produzcan simplificaciones arbitrarias de la verdad, se degrade la confianza entre nosotros y se caricaturice la vida ejemplar de presidentes, magistrados, jueces, fiscales, procuradores, periodistas, gobernadores, alcaldes, candidatos presidenciales, soldados y policías, vivos y muertos, que creemos haber avanzado en el cumplimiento del deber contra todo riesgo, amenaza y pronóstico.
Las nuevas generaciones de colombianos tienen que conocer la verdad de esta pesadilla que ha significado el narcotráfico en Colombia; nuestra obligación es asegurar que su conocimiento de esa verdad afiance valores por el respeto a la vida y por la legalidad.
Lo que esperamos es que El cartel de los sapos no signifique para los jóvenes un referente de éxito que convierta a narcotraficantes en estrellas y transforme a ciudadanos y funcionarios héroes en simples villanos.
GENERAL ÓSCAR NARANJO, DIRECTOR GENERAL DE LA POLICÍA NACIONAL










